BLANCHE MONNIER: LA SOCIALITÉ FRANCESA QUE LO PERDIÓ TODO POR ENAMORARSE
Kevin Gorian
“Monsier Fiscal General: Tengo el honor de informarle de un suceso excepcionalmente grave. Hablo de una solterona que está encerrada en la casa de Madame Monnier, medio muerta de hambre y que vive en una cama podrida durante los últimos veinticinco años, en una palabra, en su propia inmundicia”. Carta anónima dirigida al procurador general de París. 23 de mayo de 1901.
Blanche Monnier tuvo la suerte y, también, la desgracia de nacer en el seno de una familia acaudalada de Poitiers, Francia, el 1 de marzo de 1849. Hasta sus 27 años, esta socialité del siglo XIX disfrutó de todo lo que su apellido podía ofrecerle: fiestas, contactos, el placer de las trivialidades. Sin embargo, el encanto de la familia Monnier llegó a su fin en 1876, cuando Blanche cayó perdidamente enamorada de Victor Calmiel, un abogado republicano, con una cuenta bancaria nada envidiable, que no era del agrado de la madre conservadora de la joven enamorada.
El plan de Blanche era simple: seguir su corazón y casarse con Calmiel. Empero, tras mucha insistencia, su madre decidió que ya había tenido suficiente del capricho empobrecido de su hija “malcriada”. En complicidad con su otro vástago, Marcel, y con el silencio comprado del servicio de la casa, madame Monnier encerró a su hija en una pequeña y austera habitación en el ático. Lo que quizá podría haber sido un castigo de por sí ya desmedido, se convirtió en tortura, pues Blanche pasó en ese sitio, privada de luz solar, en condiciones insalubres y con exigua comida, durante los próximos 25 años de su… “vida”.
Madame Monnier y Marcel Monnier lloraron, ante el público, la pérdida de su hija y hermana. Y aunque a los amigos de Blanche su desaparición les resultó extraña, nada pudieron hacer. El tiempo pasó y, en 1885, Victor, el enamorado de la joven Monnier, falleció, sin tener idea de que la socialité no lo había abandonado sin más.
Fue hasta el 23 de mayo de 1901 que una persona (su identidad se desconoce hasta la fecha), se atrevió a hablar. Le redactó una carta al Procurador General de París en el que revelaba la verdad sobre la desaparición de Blanche. La buena reputación de madame Monnier no fue suficiente para detener a la policía de ingresar en su hogar, registrarlo y, al final, dar con la puerta cerrada del ático.
Tras el umbral encontraron a una mujer de más de 50 años, desnuda y esquelética que vivía en un colchón podrido, rodeada por insectos, comida echada a perder y sus propios deshechos corporales, en condiciones infrahumanas imposibles de justificar.
Louis Monnier, la madre de Blanche, fue arrestada y, tras 15 días, presa de la ira pública, la cual fue incapaz de sorportar, falleció de un infarto. Por su parte, Marcel tendría que haber pasado 15 meses en prisión, no obstante, debido a que en ese entonces no existía en la ley francesa un deber penal de rescate, fue liberado tras una apelación.
Por su parte, Blanche, como cabía esperar, fue incapaz de recuperar su vida. Luego de su rescate, fue trasladada a un hospital en el que la diagnosticaron con varios trastornos derivados del encierro: anorexia, esquizofrenia, compulsiones y un sinfín más de males que la consumieron el 13 de octubre de 1913, 12 años después de haber sido liberada.
La historia de Blanche fue contada en “La Séquestrée de Poitiers” por el escritor André Gide, quien, a pesar de haberse tomado ciertas libertades creativas, mantuvo la esencia orginal del relato verídico. En este mismo sentido, el caso de la joven Monnier generó varios cambios en las leyes francesas, incluyendo la obligación penal de asistir a personas en peligro.